De Cádiz a Cartagena de Indias en 1715: el viaje de un Virrey, la muerte de una Princesa y el artillero Andrés Botero

El navío en que se embarcó como artillero en Cádiz en 1715, el genovés Andrés Botero Bernabi quien trajo este apellido a Colombia, estaba al mando de don Nicolás de la Rosa, Conde de Vega Florida, quien había formado parte de la Flota de Galeones de Tierra Firme varios años antes, al mando del patache Santa Cruz que fue capturado por los ingleses en la batalla naval de Barú del 08 de junio de 1708 (muy cerca de Cartagena de Indias), y que actuaba como vanguardia del Galeón San José que regresaba a España con una riqueza estimada en ese entonces entre 7 y 11 millones de monedas de 8 escudos, en oro y plata, y que se hundió en dicho enfrentamiento con los ingleses, siendo recientemente encontrado en el lecho submarino. Seguir leyendo

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El genovés Andrés Botero: artillero al servicio del Rey

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Andrés Botero, originario de Génova en la península itálica, quien trajo este apellido a la actual Colombia, aparece como ARTILLERO del Navío Santa Rosa en el registro en Cádiz de este buque, que escoltó hasta las Indias al Virrey del Perú don Carmine Nicolás Caracciolo, a finales de 1715; había sido nombrado por el Rey Felipe V, en una época difícil para el Imperio Español pues acababa de perder territorios y de atravesar un periodo de inestabilidad política debido a la guerra de Sucesión. Conozcamos un poco más de las circunstancias y características del oficio que desempeñaba Andrés Botero cuando se embarcó : Seguir leyendo

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España cuando viajó el primer Botero a Colombia en 1715

CONTEXTO HISTÓRICO 

El Reino español acababa de enfrentar la Guerra de Sucesión que involucró a toda Europa: los Borbones comenzaron a regir en cabeza del francés Felipe de Borbón, Duque de Anjou, (nieto de Luis XIV el Rey Sol) dando fin a la sucesión en el trono a la dinastía de los Austria. Carlos de Habsburgo el hijo del Emperador Leopoldo I de Austria,  se había proclamado rey de España (como Carlos III) con el apoyo de Inglaterra, pero muere el hermano del Rey Carlos III en 1711 (José I, Emperador de Austria) y queda él como único heredero de dicho trono (para el que tomó el nombre de Carlos VI). Seguir leyendo

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Son zeneize… y soy paisa: Juan Andrés Botero

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La “señora del mar” como la llamó Petrarca, enclavada en el cerro de Sarzano a orillas del mar de Liguria, era la República de Génova o  “Repúbrica de Zena” en dialecto genovés, hablado en muchos puertos mediterráneos. Y “son zeneize” quiere decir: soy genovés…

El padre de todos los que llevamos el apellido Botero en Colombia fue don Juan Andrés Botero (tengo la idea de que debió llamarse Giovanni Andrea, sino que españolizaron su nombre como era la usanza de la época) de quién no se ha encontrado documentación en su país de orígen hasta la fecha. Seguir leyendo

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Raíces Paisas: Agapito Montaño, habitante del marco de la plaza de Manizales en 1851

 

Agapito Montaño  Palacio fue hijo de Buenaventura Montaño (caucano, de la Vega de Supía) y de Francisca Carlota Palacio Restrepo, hermana de uno de los que luego fuera de los fundadores de Manizales: Marcelino Palacio Restrepo;  También era sobrino político de otros  que fueron fundadores en Manizales igualmente  :  José Joaquín Arango Restrepo y Gabriel Arango Botero, esposos de Eulalia y Teresa Palacio, sus tías. Fué soltero y no tuvo descendencia conocida.

En el censo de Abejorral de 1824 figura el señor Buenaventura Montaño con su esposa la señora Carlota Palacio y su hijo Vicente, de un año de edad; luego en el censo de allí de 1843 aparece doña Francisca, de 43 años, con dos hijos: Agapito (de 19 años) y Bonifacio (de 16).

Agapito fue dueño de un paraje al que llamaban la “Montaño” en el Distrito Parroquial de Neira a donde se llegaba por “la trocha de Montaño”; y dicho nombre se originó a raíz de una anécdota: durante la primera expedición que salió de Neira para el páramo del Ruíz, por donde se hizo después el camino para la mina de Toldafría, en esa cuchilla había erigido don Agapito un rancho para dormir, y cuando la expedición llegó allí, quiso don Jenaro Arango Vallejo dormir al lado de don Agapito, pero éste no se lo permitió, entonces el sr. Arango le desbarató el rancho en un ataque de furia y tuvieron que frenar la pelea entre ellos, sus demás acompañantes. Desde entonces se le llamó la cuchilla “de Montaño”.

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Estableció negocios con Eduardo Walker Robledo y Liborio Gutiérrez Echeverri. No recibió ningún terreno cuando de 1853 a 1857 hicieron repartición de ellos en el área rural de Manizales a los colonos.

Luis Londoño  lo describe en su obra “Historia de Manizales” de la siguiente manera: “Don Agapito era de baja estatura, ancho de espaldas y de abdomen abultado, de color cetrino o tal vez caratoso”…“vivió muchos años arrimado a una familia respetable, soltero, de trato afable y tal vez sin parientes; entendía un poco el oficio de carpintero y en sus últimos años dejó el vicio del aguardiente al cual era muy aficionado en sus tiempos juveniles”.

Fué además el protagonista de un incidente hacia 1856 o 57, bajo el efecto del licor, cuando corrió el cuento en la población de que el mundo se iba a acabar:

entró a la capilla simulando estar vestido como el sacerdote y confesó a algunas personas que se acercaron buscando un apoyo espiritual en las últimas horas, imponiéndoles la penitencia de que bebieran media botella de aguardiente para ahuyentar el miedo y que le llevaran a él la otra media…. pronto se escapó de allí, pero se supo esta historia poco tiempo después, y algunos decían que el Padre Ocampo, párroco de la época fue muy débil  con él ante tamaña injuria y no le impuso mayor castigo…

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BIBLIOGRAFIA

Restrepo Maya, Jose Maria. “Apuntes para la Historia de  Manizales”. Imp. San Agustín. 1914.

Gallo Martínez, Luis Alvaro. “Diccionario Biográfico de Antioqueños”. Versión electrónica. 2008.

Blog Vicente dice… donde Vicente Fernán Arango Estrada, hace un interesante análisis de este personaje .

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Raíces Paisas: el Maestro José María Restrepo Maya

 

En Revista Senderos.

 
Refiere Jaramillo Meza: “la figura de don José María, aún en sus últimos meses de vida, era importante y atractiva, con su tez blanca, su amplia frente, sus cabellos en nevados grumos, su mirada bondadosa y el clásico bigote a la antigua, que era el detalle más imperativo de su semblante. Siempre vestido de negro, con elegante sencillez y pulcritud y de los hombros a los pies tendida en anchos pliegues la capa de castizo abolengo….

Su vida, desde su nacimiento en Sonson, el 15 de octubre de 1834, hasta su muerte en Manizales, el 11 de febrero de 1917, fue una trayectoria de inteligencia y de trabajo. En su adolescencia, no pudo realizar brillantes estudios universitarios, por dificultades de todo orden, y porque las guerras civiles o los golpes cuartelarios  como el de José María Melo, interrumpían con frecuencia la marcha de escuelas y colegios. Estudió en planteles de Sonson, de La Ceja del Tambo, de Medellin. Y así, con una preparación intelectual más personal que de claustro, se dedicó a la enseñanza desde la edad de veinte años. En Sonson primero, en Abejorral después, en Medellín más tarde y, por último, en Manizales, gasto sesenta y tres años de vida en la orientación de la juventud, instruyéndola y educándola.

En 1865 fundó en Sonson el Colegio de Santo Tomás de Aquino y lo dirigió hasta 1869; en 1870 orientó en Medellín, con Bartolomé Restrepo, el INSTITUTO DE LA FRATERNIDAD; de 1871 a 1876, otra vez en Sonson, siempre de maestro; en 1884 vino por primera vez a Manizales y fundó el INSTITUO DEL PORVENIR. Un año después, ese establecimiento se denominó SANTO TOMÁS DE AQUINO, de célebre tradición. Sus tareas fueron interrumpidas por otra guerra civil, la de 1885. Regresó a Sonson, a la enseñanza, hasta 1893. En 1894 volvió a Manizales y desde esa época hasta el día de su muerte ejerció su apostolado en esta ciudad.

 

Centro de Historia de Manizales.

 
Dejó escritos y publicados varios folletos, a saber: APUNTES PARA LA HISTORIA DE MANIZALES; VIDA DEL PBRO. JOSÉ TOMÁS HENAO; BIOGRAFÍA DE DON JOSE JANUARIO HENAO BENJUMEA; COMPENDIO DE CRONOLOGÍAS para el uso de las escuelas; y para el mismo fin, textos de Álgebra, Contabilidad e Historia Patria. Escribió además unas pocas poesías festivas y varias páginas humorísticas. 

Fue miembro de la Academia Antioqueña de Historia. Sus conocimientos en esta materia fueron sencillamente universales, por razón de lecturas bn aprovechadas y por la práctica constante de la enseñanza. 

Su muerte, que tuvo caracteres de duelo nacional, fue un acontecimiento de imponderable sensación en la capital de Caldas. Su cadaver recibió el tributo de una ciudad agradecida y una inmensa multitud llevo en hombros su féretro, de la Catedral al cementerio, con devoción y admiración. Solemnes músicas de funebre acento le dieron el adiós de sus discípulos conmovidos, y millares de amigos cubrieron de flores su sepulcro, en desbordado homenaje. El elogio de su vida, de sembrador de bien, de virtud y de enseñanza, lo hicieron elocuentes tribunos, en frases de alabanza y de justicia.”

Nos recuerda así mismo, la Revista Senderos, de la Biblioteca Nacional de Colombia, que a él se debe en gran parte la creación del Departamento de Caldas, y la creación de la Diocesis. Escribio igualmente una pequeña monografia de Sonson, publicada en la “Revista Literaria” de Isidoro Laverde Amaya en 1890. Latinista profundo, conocedor de varias lenguas modernas y versado en astronomía.

Como aspecto curioso sobre este tema de la astronomía, mantuvo correspondencia -seguramente en francés, y sería interesante conocer su contenido- con Camille Flammarion (1842-1925) , el “poeta de las estrellas”, fundador de la Sociedad Astronómica Francesa en 1887, quien popularizó la astronomía con sus escritos, gracias a sus observaciones propuso los nombres de unos satélites de Neptuno y Júpiter, y uno de los cráteres de Marte lleva su nombre. Interesado por el espiritismo como ciencia (lo cual lo alejó del catolicismo) , fue también practicante y maestro del hipnotismo.

Don José María contrajo matrimonio en 1856 con Matilde Botero Villegas, hija de Alberto Botero Trujillo y María de Jesus Villegas Bernal.  Sus hijos fueron:

  1. Eduardo Restrepo Botero. Caso en primeras nupcias con María del Carmen Gaviria y en segundas con Ernestina Beltran.
  2. Nicolás Restrepo Botero. Caso con Dolores Escobar.
  3. Hernando Restrepo Botero.
  4. Carlota Restrepo Botero. Caso con José Antonio Villegas.
  5. Clementina Restrepo Botero. Caso con Eusebio Villegas.
  6. María de Jesus Restrepo Botero. Soltera.
  7. Enrique Restrepo Botero. Caso con Felicidad Álvarez.
  8. Daniel de Jesus Restrepo Botero.Sacerdote jesuita.
  9. Paulina Restrepo Botero. 
  10. Margarita Restrepo Botero. Caso con Sotero Suarez.
  11. Amalia Restrepo Botero. Caso con Julian Arrubla.
  12. Rosa María Restrepo Botero. Religiosa.

 

Universidad de Caldas. Parque de la Parrilla. 2012.

 

BIBLIOGRAFÍA

Jaramillo Meza J.B.  Estampas de Manizales. Tomo primero. Imprenta del Departamento. 1951. 


SENDEROS Revista de la Biblioteca Nacional de Colombia. ISSN 0121-6465. Vol.2, No.9. 1934. Publicada entre los años de 1934 a 2005.

Gallo Martínez, Luis Alvaro. Apuntes Biográficos de Restrepos. Documento digital facilitado por el autor.

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Raices Paisas: quién fue don Marcelino Palacio?

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Marcelino, el hijo de don Francisco Palacio Guerra y María Teresa Restrepo –de los fundadores de Abejorral-, nació y fué bautizado el 20 de junio de 1810 en Rionegro, Antioquia. Penúltimo de 14 hermanos, su hermana mayor cumplió 32 años a los pocos días de su nacimiento y ya estaba casada, por lo que tuvo varios sobrinos de su edad.

Pasó su infancia y adolescencia en Abejorral; a los 19 años vio a su madre enloquecer por el dolor producido por la muerte de dos de sus hermanos que habían partido a la guerra desde 1814, a la campaña del Cauca, cuando Marcelino tenía 4 años, por lo que realmente no los conoció. Refieren que también ingresó al servicio militar (estuvo en 1834 en Medellín) e hizo campaña en la costa y luego regresó a su casa materna en Abejorral.

Tuvo que ser breve su paso por la milicia, pues cuando contaba alrededor de 24 años de edad, muere su madre y a los 27 su padre; ambos en Abejorral. Emprende su viaje hacia el Sur de Antioquia,  con una gran parte de su red familiar y de amistad; vivió un tiempo en Arma y otro en Neira, donde contribuyó a su fundación.

Casó con Mercedes,  hija de Joaquín Echeverri Díaz y de Rosa Isaza Echeverri. Sus cuñados fueron Melitón, Alejandro, Manuel,  Mercedes y Juan Pablo Echeverri. De acuerdo con la investigación de Polo Giraldo, tuvo 7 hijos:

  1. María Teresa Palacio Echeverri. Quien contrajo matrimonio con Pablo Jaramillo. Sin descendencia.
  2. Marcelino Palacio Echeverri. Casó con Luisa Jaramillo Isaza. Tuvo tres hijos, todos solteros: María Antonia, Josefina y José.
  3. José Benjamín Palacio Echeverri. Casó con Magdalena Uribe Latorre. Sus hijos fueron: Magdalena. Tomás, Benjamín, Alberto, Mercedes (casada con Miguel Hoyos), María Teresa (casada con Clímaco Cordobés) y Jaime Palacio Uribe.
  4. Horacio María Palacio Echeverri. Casó con Sara Gutiérrez Arango. Hijos: Laura, Ramón, Helena, Juan de Dios (casó con Olga Ferrer), Aquilina, Filomena, Marcelina, Julio, Teresa, Pablo, y Alfredo (casó con Esther Gutiérrez).
  5. Camila Palacio Echeverri. Contrajo matrimonio con Manuel Antonio Botero. Hijo: Marco Antonio Botero Palacio.
  6. Rosa Palacio Echeverri. Casó con Vicente Hoyos Yarce. Hijos: María, Susana, Vicente (casó con Rosa Trujillo), Mercedes (casó con Leocadio Hoyos), Gabriel, Ricardo, Isabel, Helena, Alfonso, Elvira, Catalina y José Hoyos Palacio.
  7. Francisco Palacio Echeverri. Casó con Elvira Hoyos.

Marcelino fue un paisa entusiasta y promotor de cuanto podía hacer para que la ciudad de Manizales progresara, como lo cuenta el padre Fabo en su Historia de la Ciudad de Manizales. A este gamonal, como lo cataloga el historiador Guillermo Ceballos, paradójicamente se le deben los nombres de las quebradas Olivares y Manizales, y no el de la ciudad, pues según él, debía llamarse Palestina.

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Acuarela de Henry Price

Cuenta Gabriel Arango Mejía, que Palacio fue el primer antioqueño que visitó el Nevado del Ruiz viniendo de Neira, expedición que realizó antes de residir en aquel municipio con su esposa Mercedes Echeverri. “En el mes de julio de 1843, don Marcelino Palacio que entonces vivía en Arma, recibió una carta del señor Eduardo Nicholls en que le convidaba para que viniese a acompañar al señor Carlos Degenhardt, alemán empleado en la mina de Marmato y hombre de ciencia, a hacer una excursión al Páramo del Ruiz”, narra el historiador Restrepo Maya.  Don Marcelino accedió a la invitación y al viajar a Salamina no se encontró con Carlos Degenhardt, sino con su hermano Guillermo, quien iba acompañado por don Ramón Henao y algunos peones que llevaban víveres para la expedición. Palacio, después de llegar al nevado, donde los había acompañado también Nicolás Echeverri, y luego de establecer vínculos comerciales con estos empresarios, para suplirles de ganado y víveres, dejó a sus compañeros, quienes se mostraban maravillados con el paisaje, y se dirigió a buscar minas de oro a  finales del mismo año. Aquella excursión lo condujo a las quebradas Olivares y Manizales, la primera llamada  así, porque en el terreno crecían dos árboles de Olivo; la segunda, porque en el suelo encontraron piedras de  granito, conocidas como maní.

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Según lo narra el padre Fabo, don Marcelino fue el más útil de los fundadores de Manizales, porque gracias a su espíritu entusiasta y progresista logró concretar la ordenanza para llamar a Manizales Parroquia o Municipio. Cuando adjudicaron los primeros solares del poblado el 24 de julio de 1850, se le demarcó el solar número 8, en el marco de la plaza en la esquina occidental, de 20 varas de frente y 40 de centro, el cual lindaba por un costado con  Antonio Ceballos, el primer Alcalde de Manizales, y por el centro con Ramón Arango.

A él se le debe la instauración de la primera Plaza de Mercado,  cuyos estantes se improvisaron sobre árboles que habían sido talados en 1849.  Construyó la primera casa de tapias y tejas de Manizales en la década del 50, cuando lo que predominaba en el poblado eran los ranchos de paja.

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En esa esquina. años después (carrera 22 con calle 22) se construyó el edificio del dr. Néstor Buitrago Trujillo, en cuyos “bajos” funcionó el Café “El Trébol”.

Don Marcelino fue alcalde de  Manizales en los períodos 1855, 1858 y 1870, además fue presidente del Cabildo en 1858. Considerado de los principales fundadores de Manizales.

Refieren que murió en  Manizales el 29 de noviembre de 1886, aunque no pude encontrar su partida de defunción.

 

BIBLIOGRAFIA

Archivos parroquiales. Catedral y Basílica de Nuestra Señora del Rosario, Manizales, Caldas. Consultados en la página web de Family Search, 2016.

Historia de la Ciudad de Manizales. Padre Fabo de María. Tipografía “Blanco y Negro”. Mario Camargo $ Co. Manizales, Colombia. 1926.

Genealogías de los Fundadores de Manizales. Polo Giraldo González. Trabajo inédito.

Apuntaciones para la Historia de Abejorral. P. Julio C. Jaramillo R. Segunda edición. Publicaciones Administración Municipal, Casa de la Cultura. L. Vieco e Hijas Ltda. 1990.

Abejorral en el centenario del ilustrísimo Sr. Dr. Manuel Canuto Restrepo. Homenaje del H. Consejo Municipal. Octubre de 1924. Pedro P. Ramírez. Tipografía San José. 1924.

Imágenes tomadas de internet.

 

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La parentela de los Palacio y los orígenes de Manizales

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Rionegro. Acuarela de Henry Price.

Si nos remontamos a la población de RIONEGRO a finales del siglo XVIII, encontramos que en 1788 contrae matrimonio don Francisco Palacio Guerra, hijo de don Carlos Palacio Vélez y de doña María Josefa Guerra Peláez López (vecinos de Medellin), con doña Teresa Restrepo, hija de “don Alonsito” Alonso José de Restrepo y Vélez de Rivero y de doña Manuela Echeverri Gallón.

A este matrimonio Palacio-Restrepo lo hallamos luego en ABEJORRAL a comienzos del siglo XIX , a donde acompañaron al Maestro José Antonio Villegas Londoño, esposo de doña María Francisca (hermana de Teresa) Restrepo Echeverri, quienes se habían casado en 1776 en Rionegro, en la fundación y trazo de Abejorral y en la repartición de terrenos a sus primeros pobladores. Don Francisco fue descrito como un hombre de “carácter firme y sin miedo, patriota hasta el delirio”.

Vivían en el marco de la plaza, enseguida de la Iglesia, en la esquina de la Calle de Santa Bárbara con la Calle del Cabildo.

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Cuando se realizó el censo de la población de Abejorral en 1806, figura Francisco con su esposa Teresa, 9 hijos y 18 esclavos. Posteriormente, en el censo de allí de 1824, son censados los dos, junto con su hijo Marcelino de 14 años y Eulalia de 10 años, más 9 esclavos llamados Tomas, Petronila, María de la Luz, Juan Bautista, Sacramento, Melchora, María de los Dolores, Nicolás y Silvestre.

La siguiente es la lista de todos sus hijos:

  1. María del Carmen Antonia Palacio Restrepo. Bautizada en Rionegro el 19 de julio de 1788.
  2. Francisco Javier Palacio Restrepo. Bautizado en Rionegro el 2 de agosto de 1788.
  3. María Eusebia Palacio Restrepo. Bautizada en Riongero el 22 de septiembre de 1790.
  4. María Leocadía Palacio Restrepo. Bautizada en Rionegro el 16 de diciembre de 1792.
  5. Nicolás Palacio Restrepo. Al parecer nacido por 1794.
  6. Joaquin María Palacio Restrepo. Al parecer nacido por 1796.
  7. María Josefa Palacio Restrepo. Bautizada en Rionegro el 20 de enero de 1796.
  8. Carlota Francisca Palacio Restrepo. Bautizada en Rionegro el 8 de noviembre de 1798.
  9. María Teresa Palacio Restrepo. Bautizada en Rionegro el 31 de agosto de 1800.
  10. Pedro Palacio Restrepo. Nacido por 1801.
  11. Raimunda Palacio Restrepo. Nacida por 1803.
  12. Camila Palacio Restrepo. Nacida por 1807.
  13. Ignacio Marcelino Palacio Restrepo. Bautizado en Rionegro el 20 de junio de 1810.
  14. Eulalia  Palacio Restrepo. Nacida por 1814.

En 1814, tres años después de que se declarara la independencia en Antioquia, Francisco y Joaquin Palacio Restrepo, que contaban con 26 y 18 años respectivamente, marcharon a las guerras de independencia en la primera expedición de patriotas que salió de Rionegro, y participaron en la Campaña del Cauca. Nunca se conoció la suerte de Francisco, y de Joaquin se supo que hizo toda la campaña y fue licenciado en 1828 en Cartagena, pero de regreso a casa, en La Ceja del Tambo, falleció. La noticia de la muerte de sus hijos llevo a la locura a doña Teresa, a sus 58 años de edad. Falleció doña Teresa posteriormente, el 10 de mayo de 1834 en Abejorral, a los 63 años de edad, y su esposo, don Francisco, el 25 de agosto de 1837, a los 82 años, también en Abejorral.

1. María del Carmen Palacio contrajo matrimonio con el rionegrero don Nicolás Jaramillo Echeverri, aparecen censados en 1806 en Abejorral y con solar otorgado en el marco de la plaza en 1811, vecino del solar del Cabildo por un lado, y de don Ramón Villegas por el otro.Sus hijos aparecen entre los primeros pobladores de Manizales.

3. María Eusebia Palacio contrajo matrimonio con el hermano de su cuñado Nicolas: don José Antonio Jaramillo Echeverri, y a su nombre figura un solar en el marco de la plaza de Abejorral otorgado en 1811, en la esquina de la calle La Tinaja con la Calle del Lavadero, enseguida del de don Juan José Botero. Descendencia en Manizales, en sus primeros años de fundación.

4. María Leocadía Palacio caso con Ambrosio Arango Botero, hijo de don Pedro Pablo Arango Ángel y María Josefa Botero Echeverri. Son censados en 1824 en Abejorral, con sus hijos Ana Pantaleona, Rafaela, Juana María y Gabriel ARANGO PALACIO, su esclavo Juan de la Cruz de 19 años y tres agregados llamados Basilia, Vicente y Antonio. Su hija Juana María fue la esposa del primer Botero que llegó a Manizales (Blas Botero Mejía).

5. Nicolás Palacio, contrajo matrimonio con Marcelina Isaza Echeverri, son censados en Abejorral en 1824 con sus hijos: Bibiana, María Eduviges, Victorina, Tomasa y Joaquin PALACIO ISAZA,  más sus esclavas María del Rosario y Laurencia. Descendencia en Manizales por sus hijos: Joaquín casado con Benedicta -hija de Juan Nepomuceno Jaramillo Palacio- y por Bibiana casada con José María Echeverri Villegas, todos de los primeros pobladores.

8. Carlota Palacio, casó con el caucano Buenaventura o Ventura Montaño, y son censados en Abejorral en 1824 con su hijo de 1 año, Vicente MONTAÑO PALACIO, fundador y poblador de Manizales, quien permaneció soltero y sin hijos.

9. Teresa Palacio contrajo matrimonio con Gabriel Arango Botero,  están en el censo de Abejorral de 1824 con sus hijos.

10. Pedro Palacio casó con Monica Isaza Echeverri, son censados en 1824 en Abejorral, con dos esclavos: Josefa y Encarnación. También figuran en el censo de 1850 del Sitio de Manizales, con 8 hijos.

11. Raimunda Palacio contrajo matrimonio con  Ignacio Londoño Bernal, y son censados con su hijo Fermin LONDOÑO PALACIO de 1 año, y su esclava Josefa de 11, en El censo  de Abejorral de 1824. Casi todos sus hijos fueron de los primeros pobladores de Manizales.

12. Camila Palacio se casó con José Miguel Arango Montoya, y están censados en Abejorral en 1824 con su esclava de 10 años, Silvestra. Sus hijos fueron pobladors de Manizales.

13. Marcelino Palacio caso probablemente en Neira con Mercedes Echeverri Isaza, hija de Joaquin Echeverri Díaz y de Rosa Isaza Echeverri. Hijos: María Teresa, Marcelina, Benjamín, Horacio, Camila, Rosa, Francisco José. Murió el 29 de noviembre de 1886 en Manizales.

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Marcelino Palacio Restrepo


14. Eulalia Palacio contrajo matrimonio el 23 de junio de 1827 con José Joaquín Arango Restrepo, hijo de don Esteban Arango Botero y de doña Josefa Restrepo Uribe, de Rionegro. De los fundadores de Manizales

 

BIBLIOGRAFIA

Partidas parroquiales de Rionegro. Abejorral y Manizales.

Jaramillo Restrepo, Julio C. (sacerdote) “Apuntaciones para la Historia de Abejorral”. Segunda edición. 1990.

 

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Caminos de Antioquia: el camino de Juntas

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Hacia 1779 el rionegrero dr. don José María Montoya Duque logro la apertura de una nueva vía, como alternativa al Camino del NARE,  mas corta  y con mayores pastizales para las mulas, que pasaba por Canoas, Guatapé, Peñol, Marinilla,  Rionegro y llegaba a  Medellín. A medida que se alejaba del Magdalena iban apareciendo pequeñas ramificaciones (hacia el sur un ramal hacia San Luis, San Carlos y Granada) y hacia el norte ramificaciones a Caracolí,  Santo Domingo y San Roque) pero el camino principal proseguía hacia Guatapé, Peñol, Marinilla y Rionegro hasta llegar a Medellín. 

Desde la fecha en que se abrió este camino, se convirtió en el más importante durante todo un siglo, para comunicar a Medellín con el interior y exterior del país.

Refería Pedro Biturro hacia 1781 que por este camino con cargas desde Honda hasta el sitio de Rionegro”habiendo mulas prontas en Juntas” transitaban en 10 días de buen tiempo y en mal tiempo en 14 días. Que el río Guatapé era el único que necesitaba puente o embarcación para pasarlo por su caudal, y se pasaba usualmente la carga en balsas y las mulas a nado.

CaminodeJuntas

Los viajeros de la época relatan que en las riberas del río Magdalena se encontraban usualmente una gran cantidad de “champanes” cargados con tabaco o cacao, cargas que se pasaban mediante estas balsas, del Puerto de Nare a JUNTAS  en la desembocadura del río Samaná -a donde se habían trasladado las bodegas- y luego se bajaban a tierra.

El trayecto de Nare hacia Juntas se sentía marcadamente, ya que de pasar de deslizarse por el Magdalena, se entraba a las fuertes y turbulentas corrientes del río Nare, y  muchas veces este corto trayecto podía durar más tiempo del planeado.   De acuerdo con las crónicas del viajero sueco Carl Gosselman en 1826, la corriente del Nare era tan dispareja que los champanes a veces no podían continuar  el camino para cruzarlo, teniendo que esperar en la margen izquierda del río;  esto dependía  de la cantidad de lluvia que caía en las montañas. Lo peor del viaje eran los elevados saltos, remolinos y angostos pasos, sumados a la fuerte y pronunciada pendiente, que lo hacía muy peligroso y arriesgado.

Por las condiciones anteriores, las embarcaciones se preparaban de la siguiente manera: el techo de los camarotes se quitaba y las maletas y demás objetos se colocaban en forma tal que nada impidiera el libre paso de los arbustos que se iban a encontrar en la travesía, y la carga se distribuía de manera que el barco quedara lo más liviano posible. Se   aprovisionaban con un cable de diez metros, confeccionado con pita, que era indispensable para pasar por los lugares de difícil acceso.    Avanzaban hasta llegar a NUS, casi en la mitad del camino entre Nare y Juntas; allí había una bodega y había que pagar un pequeño impúesto de aduana.

El recorrido en este trecho no era tan complicado, sin embargo, se atravesaban varios saltos menores y algunos remolinos, que en ocasiones exigían el uso del cable: en esos casos,  un muchacho se lanzaba al agua con el cable entre los dientes, y nadaba hasta una playita cercana donde lo amarraba alrededor del tronco de un árbol, mientras los bogadores trabajaban por ambos lados, dando impulso a la nave con sus palos. El cable hacía el papel de freno de la embarcación, para que no fuera arrastrada. Este paso exigía una adecuada y concentrada maniobra del timonel, por lo que generalmente se hacía en silencio, para poder gritar las instrucciones necesarias a la tripulación y viajeros.

Se continuaba la travesía desde Nus atravesando el río, cercado de paredes rocosas y remolinos en el agua, y en un punto en que disminuye el ancho del río a la mitad, sobresalía del agua una fuerte roca que arremolinaba y aumentaba la velocidad del agua a su alrededor, la cual debía esquivarse hábilmente, agarrándose incluso de la vegetación de las orillas con las manos.  Una vez superado este último obstáculo, se divisaba la bodega de Juntas, “que cual nido de águilas estaba en la cima de un cerro, rodeada de árboles en el punto donde se unen el río Verde y el Nare”.

JuntasRioVerde

El lugar era el sitio obligado de parada y descanso de las tripulaciones y de todas las embarcaciones, champanes, canoas, bongos, etc., y el punto cúspide de timoneles y bogadores, ya que aquí terminaba en definitiva la molestia del calor sofocante, la humedad y los mosquitos, que eran lo característico del viaje por el río Magdalena.

Siguiendo por la playa derecha del Río Verde y después de un poco de corriente y de una pequeña vuelta, las embarcaciones se acercaban al puerto.

El movimiento de JUNTAS era intenso: en poco tiempo podían reunirse hasta cien peones para recoger la mercancía llegada en el último mes, la cual se cargaba entre hombres y mulas, y era usual el transporte de las personas por medio de cargueros (llamados en este caso “silleteros”)  hacia el interior de la provincia.

El camino por las montañas tenía grandes dificultades, por lo cual era complicado y prácticamente imposible transitar con mulas.  El viaje desde Juntas hasta Ceja de Guatapé era tortuoso y empinado y duraba de tres a cuatro días; allí todo volvía a ser cargado en mulas, pero en muchas ocasiones los peones transportaban las cargas hasta Medellín, Santa Rosa y Antioquia en la margen del río Cauca.

El sendero conducía por angostos pasajes o desfiladeros hacia una mayor altura. Producto del constante pisoteo y del arrastre de las aguas en épocas de lluvias, el terreno se agrietaba cada vez más, de modo que todo se enterraba en ese barro gredoso que se formaba. Tal estado de los caminos impedía avances rápidos y en muchos puntos se atravesaba por lugares profundos y angostos, con sus bordes casi verticales, de modo que para cualquiera se hacia complicado pasar con su carga.

En raras ocasiones el camino era recto; nunca en sentido descendente. De allí que siempre que se alcanzaba una altura esta se encontraba inmediatamente unida a cerros más altos. Desde estas alturas la vista sobre los valles era mínima. La interminable fila de cerros que se entrecruzan, cuyas laderas están cubiertas de bosques, impedian poder extender mucho la visión.

Lograr subir era una verdadera proeza. El terreno lleno de barro solo permitía ser usado siguiendo las huellas que dejaba el pisoteo de los peones en sus interminables viajes. En otro punto del ascenso el agua formaba pequeños torrentes que se llevaban a su paso los puntos de sostén para afirmarse, encontrándose en su lugar un conjunto de piedras de diversas formas y tamaños que habían sido ubicadas en forma de escalinata. Subir por ellas requería pericia. Era preciso usar las manos y dar grandes rodeos para encontrar mejores sitios de apoyo, máxime si las piedras tenían una inclinación de cuarenta y cinco grados hacia la pendiente.

En este punto relata Gosselman: “Luego de bregar durante toda la tarde con el barro de las montañas, los riscos y los profundos desfiladeros, el camino se abrió. Alrededor de las cuatro de la tarde divisamos el pueblo de CANOAS,  situado en un flanco de montaña cubierto de yerba fresca y verde a cuyos pies corría un riachuelo, que presentaba un grato aspecto a la vista, acostumbrada a estar limitada por montañas y bosques impenetrables. Con alguna anticipación a la caída del sol llegamos al poblado.

El camino, como en el día anterior, continuaba siendo ascendente, pero cambió al llegar a una cumbre escarpada, luego de la cual comenzó a descender. Al final de una de sus tantas vueltas logramos observar un puente de madera bajo el cual pasaba una fuerte corriente. Como la gran mayoría de los que hallamos en la ruta, éste parecía, con su techo de paja y sus paredes de madera, una verdadera casa construída sobre el río profundo que bramaba allá abajo. Pero este era raro, ya que pese a ser tan extenso no poseía pilares ni arcos y toda la construcción, reposaba en las vigas largas unidas por el centro del puente en un ángulo casi imperceptible.

Valseadero

El puente se llamaba Balsadero (“Valseadero”), lo mismo que las casas de las cercanías, en una de las cuales vivía el inspector, quien cobraba una pequeña tarifa por todo lo que pasaba por el sitio. Se podía ver un rancho grande para los peones y sus cosas. Este sitio puede considerarse como uno de los más destacados entre Juntas y Ceja. El camino proseguía en descenso y esa mañana pasamos por un riachuelo. Pronto debíamos llegar a Bijagual. Luego de pasar varios riachuelos, a las siete llegamos al poblado, donde nos vendieron un pollo, huevos y chocolate. Este último pronto reemplazó la falta de bebida de la mañana. La comida fue decisiva, ya que nos disponíamos a realizar la parte más dura de la travesía.

goselman

Era el sitio de la más alta unión de montañas, llamado  CUESTA DEL PARAMO (también conocido como Cerro o Cuchilla del Páramo) llamado así por encontrarse a mitad de camino entre Puerto Nare y Medellín y por ser la mayor altura; de hecho este sitio se usaba para avistamiento y reconocimiento de los valles. Desde esta altura se observan los pueblos de Ceja y Peñol, además de Río Negro y Marinilla. Esta última no se distingue muy bien debido a que se encuentra en el fondo del cuadro, al pie de la cordillera que pone límite a la vista. Hacia la izquierda del espectáculo, se levanta una roca inmensa, alta y angosta, que semeja una gris torre riendo de la verde pampa que la rodea. Por su misma soledad parece pertenecer a las rarezas que la naturaleza creadora comúnmente coloca trastornando un tanto su orden, o como si las diseñara por un extraño antojo. En verdad parece ser algo inexplicable.

Aunque la bajada por esta escarpada montaña no era cosa fácil, especialmente debido a la gran cantidad de energías gastadas en la subida, realizamos el descenso en forma rápida, movidos por los deseos de acercarnos más y más al paisaje que se nos ofrecía. Finalmente el camino comenzó a abrirse hasta hacerse un sendero amplio y recto, y en verdad no resultó ser más que una prolongación del cerro.

Pueblo de CEJA de GUATAPÉ. Parece un puerto, pues en él las mercancías vuelven a cargarse para ser llevadas hasta el interior de la provincia. Peones y piernas son reemplazados por mulas y caballos, tornando de este modo el viaje en algo más normal y cómodo.

El viaje se ofrecía como de placer, a lo que ayudaban el hermoso paisaje, el clima agradable y un buen camino, que a medida que ascendía descubría todas sus bellezas, por lo que se hacía más palpable que es difícil comparar la zona entre Ceja y Río Negro con algún otro paraje.

PeñoldeGuatape

Peñol de Guatapé. Acuarela de Henry Price.

El camino tiene una enorme cantidad de vueltas. De improviso, nuevamente tengo a la roca guía frente a los ojos. La pregunta a quien va mostrando el sendero no se deja esperar; solo que la sospecha no ha sido cierta. La respuesta de mi conductor me tranquiliza, y su explicación es que este sendero es uno de los más curvos que puedan darse. En estas alturas lo que se ha avanzado no se puede medir por los pasos que se vayan dando.

Lo grato del viaje se prolongó por toda la tarde. En varias ocasiones nos encontramos con personas que se dirigían a Ceja y Peñol, a pie o a caballo, y cuyas vestimentas de intenso colorido me causaban impresión.

Cuando eran las cinco de la tarde arribamos a PEÑOL.

En sus comienzos el camino se extendía por un vasto campo con espacios para el pastoreo de animales. Esta zona mostraba cierto bienestar, ya que en todas direcciones podían verse casas con sus trozos de tierra, rodeadas de jardines, plantíos y campos de maíz, además de algunos animales, protegidos por cercos que deslindaban las tierras de uno con las del vecino. En todo, resultaba ser un paisaje simpático para el viajero.

El camino comenzó a subir por las laderas cordilleranas, ya empezaban a aparecer los ribetes andinos del nuevo tramo. Posteriormente el sendero fue adquiriendo mayor complejidad, por lo que tuvimos que hacer el trayecto lentamente, incluso detenernos en una de las casas encontradas a la orilla, donde se hizo necesario el descanso.

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Rionegro. Acuarela Henry Price. 1857

En un principio se tiene una amplia vista sobre RIO NEGRO,  MARINILLA y toda la planicie hasta los cerros cercanos a Ceja, pero pronto los bosques y la montaña dominan el paisaje. Casi al mediodía llegamos a la cumbre, donde el camino se extendía sobre un plano más parejo y horizontal, en medio de árboles y arbustos que debido a su menor tamaño le daban un aspecto más rígido a la escasa vegetación que existía. Además de todo el frío que hacía, debido a la altura, empecé a darme cuenta de que aún quedaba un tramo por ascender.

Cuando llegamos al cerro de SANTA HELENA, desde donde se tenía una visión impresionante sobre el valle, nos embargó una emoción de belleza inenarrable. Esto era inmensamente más hermoso que lo observado en Ceja, tanto por la altitud como por la riqueza del cuadro que allá abajo se exponía. Si el valle del Río Negro parece el compromiso del país con la hermosura, el que se me ofrecía a la vista era el paraíso. Desde aquí me parecía uno de los escenarios más bellos en que pudiera descansar la vista humana. Su descripción resulta imposible, lo que ocurre cuando debemos usar el lápiz en reemplazo del pincel. Como si el borrador de un cuento inconcluso complementara los detalles de una pintura acabada.

Desde ambos costados del mirador se extendían montañas, bosques, paredes rocosas y abismos que formaban un semicírculo en intenso contraste con la uniformidad de la cordillera lejana, que a medida que avanzaba tomaba tonos de claridad mayor. La vista empezaba a descender por las pendientes y sembrados que alcanzaban tonos de verde claro hasta llegar a los pies de las casas, alamedas y plantaciones que rodean el valle como un anfiteatro que reposa con sonrisa infantil en medio de este jardín ideal. Un sendero con menos pendiente y más ancho, acompañado por altos cactus y flores silvestres nos conducía a la ciudad. Pasábamos por naranjales, dulces y agrios, que con su aroma perfumaban el aire tibio. Pronto las casas comenzaron a encontrarse unas con otras hasta que se perdieron en las calles de la ciudad de MEDELLÍN.”

Medellín

Medellín

Plaza Mayor de Medellín. Simón Eladio Salom. (Medellín, 1833-1860) Ca. 1860. Técnica: Acuarela. Procedencia : Museo de Antioquia. Fotografía: Alfonso Posada. Cartografías para el Bicentenario. Alcaldía de Medellín. Página 24

BIBLIOGRAFIA

Idárraga Alzate, Alvaro. Artículo: “La estrategia militar de Córdoba en Guatapé”. Escritos desde la Sala. Boletín Cultural y Bibliográfico de la Sala Antioquia. No.21. noviembre 2013.

Gosselman, Carl. Viaje por Colombia: 1825-1826. En: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/viajes/viacolom11.htm

Acevedo Latorre, Eduardo. Atlas de Mapas Antiguos de Colombia. Siglos XVI a XIX. Editora Arco. Bogotá, Colombia. Segunda edición. Sin fecha.

Imágen de Medellín tomada de la página web: Legado Antioquia.  https://legadoantioquia.wordpress.com/author/crisisilvar/page/5/

 Acuarelas de Henry Price.

Giraldo Gómez, Alicia Ester. Cornare.  El Río Negro-Nare en la historia progreso y desarrollo de Antioquia. Primera edición. Agosto de 1996.

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Los hermanos Vásquez Calle: su aporte al desarrollo de Antioquia y Bolívar

Los hermanos Julián y Pedro José Vasquez Calle exploraron el noroccidente antioqueño por 1838,  junto con el minero, mecánico y metalurgista inglés James Tyrrel Stuart Moore -quien llegó a Colombia contratado por la compañía inglesa que explotaba las minas de Marmato- y el médico inglés dr. William Jervis -también llegado al país por Marmato-; específicamente por el área del municipio actual de Valdivia, donde se descubrieron posteriormente las ruinas de la antigua ciudad de Úbeda fundada por Pedro de Valdivia y sobre ésta la antigua y también ruinosa ciudad fundada por doña María de Pardo a comienzos del siglo XVII.

JamesTyrellMoore

James Tyrell Moore

Allí, gracias a una concesión otorgada a Moore el 06 de junio de 1836 y el 28 de abril de 1837, iniciaron una colonia agrícola cultivando cacao, caña de azúcar y café, así como semilla de pasto “guinea” (Panicum maximun) introducida a Antioquia por Julián Vásquez Calle, Vicente B. Villa y Manuel Vélez Barrientos. Esta incipiente colonia, en un lugar donde con intensidad atacaba el paludismo, fue abandonada relativamente pronto por la imposibilidad de comercialización de sus productos,debido a la carencia de vías de transporte…

Esto no impidió que los hermanos comercializaran ganado costeño para abastecer las zonas mineras de Cáceres, Zaragoza y Remedios: Julián Vásquez Calle apoyó económicamente al presbítero de Ayapel, José Pío Miranda y Campuzano, a quien se le había concedido un privilegio mediante ordenanza de la Cámara Provincial de Cartagena el 11 de octubre de 1844, y Decreto del 11 de abril de 1845, para abrir un camino que se denominó el “Camino Padrero”, comunicando estas dos regiones, y que fue ruta importante para el traslado de ganado de las sabanas de Bolívar hacia Antioquia. Esta vía décadas después se prolongó en dirección a Montería, cuando se incrementó el comercio ganadero con Antioquia. Refiere Joaquín Berrocal Hoyos que al parecer este camino ya existía y algo se había hecho al respecto a finales del siglo XVIII, citando someramente un archivo de la Colonia, Poblaciones Varias, del Archivo Nacional, y un informe del Gobernador Francisco Silvestre en 1776, sobre la apertura del camino desde Antioquia hasta Ayapel.

CaminoPadrero

PEDRO JOSÉ VASQUEZ CALLE

Pedro José Vásquez Calle

Pedro José Vásquez Calle

Nació en Angostura en 1798 y murió en Medellín en 1858. Hijo de Miguel Francisco Vásquez Montoya y de María Antonia Calle Arango.  Fué uno de los empresarios más importantes del siglo XIX.

Algunas versiones aseguran que sus padres fueron campesinos, sin embargo, se sabe que tenían servidumbre y algunas propiedades. Pedro quedó huérfano a los 17 años. En 1819 se mudó, con su hermano menor Julián, a Yarumal, donde montó un negocio de comercio de oro y productos agrícolas. Luego, se trasladaron a Santa Rosa de Osos, donde montaron una tienda de productos varios. En la década del 20, establecieron en Medellín un negocio que importaba productos de Jamaica. Se asoció en 1828 con Nicolás Gómez para comprar la mina de oro La Constancia, en Anorí; envió a Julián a administrarla, dándosele un porcentaje de la mina. En ese mismo año, el gobernador de Antioquia lo nombró administrador de diezmos y juez interino de diezmos.

En 1830 ya tenía, junto a Julián, negocios en Bogotá, los cuales fueron administrados por Ruperto Restrepo, hijo del político José Manuel Restrepo Vélez. Con José María Lalinde fundó una compañía minera llamada Nueva Compañía de Anorí, en 1836. Junto a Julián, estrecharon vínculos comerciales con Tyrell Moore, emprendiendo un proyecto colonizador en el bajo Cauca; los Barrientos también hicieron parte de esta actividad. Años más tarde, por 1849, adquirió 12.000 fanegadas de baldíos en esta zona, y poco a poco fueron llegando colonos de Angostura y Yarumal principalmente; en 1879 se le dió a esta población el nombre de Conguital, en 1892 fue corregimiento de Yarumal, y en 1912 fue elevada a la categoría de municipio con el nombre de Valdivia.

Pedro prestaba dinero, compraba y vendía bienes raíces. Para los años 40s, se instaló definitivamente en Medellín, al igual que su hermano Julián. Hicieron parte de la sociedad del Cementerio San Pedro. Engordó ganado para el mercado interno. Llegó a ser uno de los hombres más ricos del país, para 1851 se afirma que su fortuna sumaba más de $200.000. Apoyó con dinero y armas a los conservadores en la insurrección de 1851. Sus médicos fueron Manuel La Roche y Manuel Uribe Ángel.

Se casó con María Antonia Jaramillo Soto. Se menciona que confió a Mariano Ospina Rodríguez la educación de sus hijos. Algunos de sus hijos fueron María Enriqueta, Eduardo, y Julián Vásquez Jaramillo, todos personas influyentes en la sociedad de su tiempo.

Uno de sus hijos: Eduardo Vásquez Jaramillo

Eduardo Vásquez Jaramillo

Eduardo Vásquez Jaramillo

Nació en Santa Rosa de Osos, en 1850. Murió en Medellín, en 1933. Hijo de Pedro Vásquez Calle y de María Antonia Jaramillo Soto. Cuando él tenía 8 años, su padre murió. Estudió en Medellín, en el colegio que dirigía Mariano Ospina Rodríguez, y en Bogotá, con los padres jesuitas. Fue uno de los hombres más ricos del país. Entre 1861 y 1865 vivió en Estados Unidos y Europa; experiencia que repitió durante la segunda década del siglo XX. Entre 1888 y 1889 viajó por América Central y por varios países de Europa con su familia, regresando a Medellín para encargarse de nuevo de la administración de sus cuantiosos negocios. Llevó una activa vida política. Fue miembro del Directorio Conservador de Antioquia. Aunque se menciona que tuvo diferencias con Pedro Justo Berrío, bajo el gobierno de aquel, Eduardo se desempeñó como prefecto del departamento del Centro y, probablemente, como consejero municipal. En la conmoción de Antioquia de 1879, tomó parte contra el gobierno que presidía el general  Tomás Rengifo, sufriendo en la derrota, el destierro y la merma de su fortuna. En 1885 acompañó a su colega del Directorio, Abraham Moreno, en la campaña del oriente, y al general Marceliano Vélez, jefe de las fuerzas que se organizaron entonces en Antioquia, en apoyo del gobierno nacional presidido por Rafael Núñez. En la campaña electoral de 1891 tomó parte activa a favor de la candidatura de Marceliano Vélez. En 1899 cuando supo el fracaso de las fuerzas del gobierno en el combate de Lajas y Peralonso y considerando los peligros que surgirían del triunfo de la revolución, trabajó con la fracción conservadora “histórica”, con el ánimo de apoyar la causa del gobierno. Enrique fue gobernador de Antioquia entre el 19 de junio de 1909, y el 12 de abril de 1911, habiendo sido nombrado por el presidente encargado, Jorge Holguín. Siendo amigo personal de Rafael Reyes, se dice que trató de inducirlo para encauzar de nuevo el gobierno por la vía de la constitucionalidad. Durante su gobernación, reabrió la Escuela de Artes y Oficios, creada años atrás por Pedro Justo Berrío y para que la dirigiera, llamó al matemático José María Villa.

Su actividad empresarial fue muy diversa y significativa, ésta no se limitó al territorio
antioqueño. Desde septiembre de 1874, compró un derecho en la mina llamada Farallón en el municipio de Bolívar, y por más de 30 años siguió comprando acciones en diversas minas de oro. Compró 5 acciones de una mina de esmeraldas situada en Macanal Boyacá, en 1915. Compró 5 acciones, en 1910, de la Compañía Minera Consolidada Unión. Al morir, era socio de 39 minas de oro situadas en cerca de 20 municipios distintos. Negoció desde muy joven con propiedad inmobiliaria en Medellín. Junto a su hermano Julián, formó “Eduardo y Julián Vásquez Jaramillo”, sociedad que duraría más de 30 años y que se dedicaría a diversos asuntos, entre ellos el comercio internacional, la minería y el crédito. Junto a Julián y Pedro Nel Ospina Vásquez, quien además de ser su sobrino, era su yerno, fue uno de los primeros impulsadores del cultivo del café en el occidente colombiano. Quizá, la primera empresa cafetera importante que tuvo Antioquia, fue fundada por ellos (Eduardo, Julián y Pedro Nel), en una de las haciendas que tenía Eduardo en Fredonia, la hacienda San Pedro; proyectos similares se llevaron a cabo en las haciendas de San José y Cerro Tusa, también en Fredonia. La fortuna de Eduardo Vásquez, al parecer, sufrió ciertos  giros con el tiempo, y aunque se menciona que dejó una gran fortuna, superior a los $500.000; Pedro Nel Ospina afirmaba en una carta a su hijo Manuel, que Eduardo Vásquez era el segundo mayor capitalista del país, y que en un periodo de pocos años perdió su fortuna.
Hizo parte de la mayoría de las más representativas iniciativas empresariales llevadas a cabo en Antioquia durante el periodo. Fue cofundador en 1872, y uno de los principales accionistas, del Banco de Antioquia; allí representaba, además, a su madre. Cofundador de la Compañía Minera de Occidente en 1874. Socio del Banco Popular de Medellín. Fue socio de la segunda etapa (desde 1893) de la Ferrería de Amagá, junto al banquero Antonio J. Gutiérrez, Miguel Arango, Benedicto Correa, Julio Uribe, Abraham Moreno, José Hoyos, Pedro Echeverri, Jesús M. Correa y Santiago Ospina (en representación de Ospina Hermanos). Junto a otros antiguos socios y a los Restrepo Callejas, formó la Compañía Antioqueña de Tejidos en 1903, y, posteriormente, la Compañía de Tejidos de Medellín. Junto a los Correa y sus sobrinos Vásquez Uribe, fundó la firma industrial Calzado Rey Sol. Fue accionista de la Sociedad Agrícola del Sinú, dueña de la famosa Hacienda Ganadera Marta Magdalena en el actual departamento de Córdoba.

Tomó parte en la fundación de la Cervecería Antioqueña (esto, junto a sus ya socios en “Vásquez, Gutiérrez y Cía.”, Antonio José Gutiérrez y Manuel José Álvarez Carrasquilla). Junto a Maximiliano Correa, a comienzos del siglo XX, fundó una sociedad llamada “Vásquez, Correa y Cía.”, la cual estuvo relacionada con infinidad de proyectos empresariales de la época, principalmente, relacionados con la actividad cafetera, bancaria (ej. Banco de Sucre) e industrial (ej. Compañía Harinera Antioqueña). Fue socio de “Ospina Lalinde” y “Vásquez, Gutiérrez y Cía.”, compañías dedicadas a la especulación con las rentas del Estado.

Casado en Medellín, en 1867, con Elena Uribe Uribe, hija de Juan Uribe Santamaría y de Benigna Uribe Ochoa.

JOSÉ MARÍA VÁSQUEZ CALLE.

Su hijo: Federico Vásquez Uribe

Otro de los hermanos Vásquez Calle, tuvo un hijo llamado Federico, quien en julio de 1895  celebró un contrato con Ospina Hermanos para formar una compañía en la cual “Federico Vásquez e Hijos”  ponía el dinero durante cuatro años para la compra de reses que se tendrían en las fincas que los Ospina tenían en el departamento de Bolívar.

Ganadero. Banquero. Político. Nació en Anorí, en 1832. Hijo de José María Vásquez Calle y de María del Rosario Uribe Estrada. Sobrino d e Julián y Pedro Vásquez Calle. Hombre de negocios y de importante fortuna. Fundador de la casa comercial “Toro & Vásquez”. De manera individual, y a través de su casa comercial, fue accionista del Banco de Medellín. A la actividad bancaria y ganadera dedicó la mayor parte de su vida. En 1890 constituyó, con un capital de $47.450, la firma “Federico Vásquez Uribe e Hi jos”, junto a Paulo Emilio y José María Vásquez Toro. Esposo de Leonor Toro González.

JULIAN VASQUEZ CALLE

JulianVasquezCalle

Julián Vásquez Calle

Nació en Angostura, en  1809 y murió en Medellín, en 1894. Hijo de Miguel Francisco Vásquez Montoya y de María Antonia Calle Arango. Sus primeros estudios los hizo en Santa Rosa de Osos. A muy temprana edad quedó huérfano, siendo acogido por su hermana Bárbara y, posteriormente, por su hermano Pedro.

En 1840 se radicó en Medellín. Realizó un viaje por Europa, que le permitió crecer sus intereses comerciales, agrícolas y mineros. De este viaje trajo a los oficiales Enrique Hausler, alemán y a Alejandro Johnson, inglés, quienes se quedaron en Medellín, habiéndose casado con antioqueñas. Fue socio de la Fundición de Sitio Viejo, en Titiribí. Diputado a la Cámara Provincial de Antioquia en 1836, 1853, 1855, 1858 y 1861. Para la década de 1870 fue concejal de Medellín. Miembro del Senado de la República en representación de Antioquia, cargo desde donde atacó fuertemente a José María Facio Lince. Fue gobernador de Antioquia en forma interina desde febrero del 1844, por licencia que obtuvo el general Gómez; más tarde, ya en época del estado soberano, volvió al poder entre agosto y septiembre de 1864, bajo la administración de Pedro Justo Berrío. Aunque en sus cartas se nota una fuerte aversión al liberalismo, muchos autores lo mencionan como un conservador conciliador. Se dice que Julián
Vásquez y Recaredo de Villa hicieron diplomacia entre Pedro Justo Berrío y Manuel Murillo Toro. Durante su juventud, la mayor parte de su actividad empresarial, principalmente comercial y minera, la realizó en asocio con su hermano Pedro. La actividad de los hermanos Vásquez Calle se amplió de Angostura a Medellín y llegó a presentarse en Bogotá también. Poco después de casarse, administró la mina La Constancia, en Anorí. Fue accionista del Cementerio San Pedro. En asocio con Carlos
Segismundo de Greiff Pomp, dirigía los montajes para explotar las vetas de Cristales. Alcanzó a colaborar en una red comercial que estableció su sobrina Enriqueta, junto a María Antonia su madre, y otras comerciantes colombianas, que vinculaba el comercio entre Colombia, Panamá y Guatemala. Junto a Víctor Callejas, Manuel Puerta Ortega, Vicente B. Villa, Pedro Bouhot, Mariano Uribe Fernández, Alejandro López y Manuel Santamaría Barrientos, formó en 1865, la Compañía de Transportes de Islitas. Entre otras cosas, por razones políticas vivió en Guatemala entre 1865 y 1870, llegando luego que sus familiares, los Ospina Vásquez, allí llevó a cabo una diversa actividad económica, aunque
concentrándose en la agricultura, entre su labor en el sector se puede decir que administró la finca cafetera Las Mercedes. Fue amigo personal de Mariano Ospina Rodríguez, con quien, además de tener vínculos familiares cercanos (Ospina era el esposo de su sobrina), tuvo estrechos lazos que los unían en proyectos agrícolas, financieros, de colonización y de apertura de caminos; en particular, en Guatemala estarán unidos, junto con Antonia Jaramillo, en la sociedad “Ospina, Vásquez y Jaramillo”, liquidada en 1866, con un capital de $17.134. En 1878 cooperó en el establecimiento del Banco de Colombia en Guatemala.

Contrajo matrimonio en 1829 con María Antonia Barrientos Zulaibar, hija de un rico minero de Santa Rosa de Osos, don Manuel Salcvador Barrientos Ruíz y de Mercedes Zulaibar Santamaría.

BIBLIOGRAFIA

Artículo de Armando Gomez Latorre, publicado en el periódico El Tiempo el 23 de septiembre de 1997. Consultado en abril de 2015.

Fotos: http://www.flickr.banrepcultural.com/photos/page28, myheritage

Cámara de Medellín en internet. http://www.camaramedellin.com.co

http://www.valdivia-antioquia.gov.co/informacion_general.shtml

La Colonización Antioqueña en el Departamento de Córdoba. Joaquín Berrocal Hoyos. Gráficas Corsa Ltda. Montería, noviembre de 1980.

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